Silencio: estamos en el aire (de Ruben Castillo) [última parte]
Silencio: Estamos
en el aire
LOS PERSONAJES HABLAN DE LOS PERSONAJES
VICTOR SOLIÑO, periodista en la prensa escrita, hizo incursiones en los primeros
micrófonos y fue hombre fundamental después, por mucho tiempo en CX 14 radio "El
Espectador". Fue taquígrafo en el Palacio Legislativo. Autor de las letras de la
troupe carnavalera "Oxford" y de la troupe Ateniense. Autor de varios tangos de
antología. Un creador popular sin pose de "estrella".
-Yo creo que Soliño no ha cambiado -dice Elena-, mantiene una juventud interior
extraordinaria. No ha perdido a mi juicio para nada, la frescura de un sentido crítico
muy agudo, pero que tiene casi caricia de terciopelo -yo diría-. Aún el protagonista
de un acontecimiento mordaz que relate Soliño no puede sentirse herido jamás. Repito,
para mí el Víctor de ahora no ha variado fundamentalmente con el Soliño aquél, a
pesar de que naturalmente en su vida particular, no tiene el mismo aliciente, la,
misma felicidad que tenía entonces.
… Pese a algunos golpes o sinsabores de la vida mantuvo siempre un gran sentido
de ironía, nunca hiriente, siempre grata. Un creador quizá un poco triste, ahora.
Fontaina agrega:
Soliño fue muy medido, muy correcto, muy mesurado, siendo un
hombre integrante de nuestra troupe y de nuestro grupo que en ese momento podía
ser de 50 personas, fue en realidad un seguidor, un disfrutador, si Uds. quieren;
en determinado momento hasta un admirador de algunas de las cosas que se hacían.
Pero no fue un hombre "puntero" en ninguna de las cosas, fue siempre muy medido,
muy circunspecto.
Soliño dice de sí mismo:
Puede ser que me equivoque, puede ser que no; yo creo
que siempre fui un muchacho y después un hombre equilibrado que siempre supe ubicarme
en las posiciones que debía ponerme, siempre cumpliendo con las cosas que debía
hacer; es decir -y confieso que es difícil autodefinir-se- yo no fui como la mayor
parte de los compañeros míos, aunque participaba, actuando como lo hicimos tantos
años juntos; la verdad que las farras eran corridas.
Yo siempre tuve fama de un hombre equilibrado y qué quiere, ya le digo: soy así.
Las coincidencias entre estas declaraciones son notorias y lo seguirán siendo, toda
vez que uno de ellos describa a los demás. Y lo cierto es que hablé con cada uno
de los tres a solas y sin que conociera los reportajes anteriores.
Emilio Elena
(antes y ahora)
EMILIO ELENA, es rotario y juega al golf, fue empleado y mientras tanto estudió
electromecánica e inglés; ingresó joven a una gran compañía de la cual fue por muchos
años, hasta jubilarse, Gerente y Presidente del Directorio, en un momento Presidente
aquí y en la Argentina simultáneamente. Fue directivo de las radios General Electric
y El Espectador.
Le pregunto sobre él a Fontaina y me dice:
¿Vió lo que le dije de Soliño? Bueno,
Elena era peor todavía... Siempre fue "presidente" de la General Electric. Víctor
Soliño estaba en un grupo en el que había muchas personalidades, todos locos ¿entiende?
En cambio Elena estaba en otro grupo más tranquilo, más mesurado, menos audaz, menos
atrevido, menos dispuesto a divertirse ¿entiende? Elena llegó a ser subgerente,
después gerente, después director, siempre en General Electric que estaba ahí en
Uruguay y Ciudadela, en ese predio que está igualito, igualito, todavía. El también
sigue igualito.
Soliño me describe a Elena con estas palabras: No era como nosotros, era casi
exclusivamente hombre de empresa y un "broadcaster"; él era gerente de la General
Electric, dé manera que tenía que dedicar toda su actividad a aquello. Ya era un
'gerente" desde muy joven. Y le digo más: la General Electric tiene sucursales en
todas las ciudades grandes del mundo, el único gerente que no era norteamericano
era Elena.
Eso le da una idea del valor que tendría.
Víctor Soliño
(antes y ahora)
Ahora es Elena quien habla de sí mismo:
¿Emilio Elena de muchacho? Yo no sé si
es una cuestión de temperamento o una cuestión de medio o una cuestión de necesidad;
fíjese que yo era serio y ambicioso, profundamente ambicioso. Yo no pude estudiar,
por mi vocación hubiera sido ingeniero, pero las necesidades de la vida me impusieron
trabajar a los 14 años y lo hice con dedicación, sacrificio, entusiasmo; estudiaba
en el tranvía... y ahí empecé. De las 6 de la mañana a las 6 de la tarde y después
estudiar... Más tarde vino General Electric. Y empecé a estudiar electricidad con
muy buenos ingenieros; estudiaba inglés -me sirvió por supuesto de mucho- fue una
de mis herramientas, como también el estudiar electricidad, mecánica, matemáticas,
en fin, todo eso.
Quiero saber algo sobre su afición por el golf a los 80 años, por los 18 hoyos que
requieren recorrer 7 kilómetros ¿necesita alguna prenda o algún elemento determinado,
don Emilio?
Sí -me dice-
hay que ponerse zapatos especiales y medias más gruesas. Es un zapato
que tiene unos clavos grandes en la suela, como los de corredores en atletismo.
Para afirmarse en el terreno, para tener los pies bien firmes; en el momento que
usted está haciendo con los pies toda la fuerza del cuerpo y así poder impulsar
la pelota. Siempre hay que impulsar "con todo" la pelota y tener los pies sobre
la tierra, afirmados.
RAUL FONTAINA cumplirá 79 años en junio del 80. Casado. Fue periodista desde
los años 20 en "El País" y en "El Imparcial". Pionero de la radio se fue con otros
amigos de la emisora General Electric (que más tarde se llamarla El Espectador)
a la eterna rival CX 16 Radio Carve. Al frente de ésta logró los éxitos mayores
que pudo alcanzar una radio uruguaya. En los primeros tiempos hombre orquesta y
charlista de cualquier tema. Luego, director, conductor de Sadrep (CX24 incluida).
Fue pionero de televisión con Canal 10. Presidente de ANDEBU, delegado en organismos
internacionales de medios de comunicación. Una personalidad internacionalmente conocida.
Roberto Fontaina
(antes y ahora)
Dice Soliño de Fontaina:
Era un compañero excelente, un muchacho estupendo. Pero
naturalmente entre el Raúl de aquella época y este Raúl de hoy parece mentira que
se haya producido un cambio tan fundamental. Raúl era un loco, un loco tremendo,
un loco de atar, simpatiquísimo, pero un desorbitado bárbaro, bárbaro. Me acuerdo
que una vez en el teatro "18 de Julio" había una compañía española de zarzuelas
y revistas que hacía una obra que se llamaba "Las hijas del placer".
Me acuerdo que habían colocado unas escaleritas del escenario a la platea para
que pudieran bajar las bataclanas, venían cantando, haciendo evoluciones por los
pasillos; aquello provocaba una "reacción" del público formidable; pasaron las muchachas
por donde estábamos nosotros y Raúl estaba ahí, se levantó detrás de ellas, subieron
al escenario y subió Raúl. Ahora piense Ud. el teatro "18 de Julio" lleno un sábado
a la noche y Raúl en el escenario con "Las hijas del placer", con las bataclanas,
desorbitado, él también cantando; ¡era un loco tremendo!
Raúl trabajó en la troupe ateniense, uno de los números era un desfile de modelos.
El modisto era Valiante (Amadeo de Valiante) un modisto famoso, también famoso por
otras debilidades. Toda la sociedad, la gran sociedad se vestía con él. Pero Valiante
no mostraba ni un modelo hasta que la Troupe no hiciera el desfile; eran todos "muchachos"
naturalmente, con modelos traídos directamente de París. Raúl Fontaina era Madame
LA COUTURIERE, que presentaba los modelos; tenía su libreto que habíamos escrito
con Roberto y demás; pero él empezaba a hablar y a decir todos los disparates ima-ginables.
Nosotros desde bambalinas, "salí, le gritábamos, ya está, callate" -y él nada, seguía
y seguía.
Tenía 20 palabras para un modelo y decía cuatrocientas
No se podía con su genio... pero era un gran amigo y gran persona. Un huracán.
-¿Cómo era Fontaina, señor Elena?
Yo lo conocí por supuesto a Raúl y con
Raúl y aún con Roberto Fontaina, aunque con él menos, siempre se produjo una situación
de competidores acérrimos cuando las situaciones eran candentes en el aspecto radiotelefónico.
Pero en lo personal siempre mantuvimos una gran amistad que nunca fue vulnerada
ni modificada por los sucesos radiales. Yo recuerdo que era la época en que nos
hacíamos recíprocamente todas las diabluras posibles, pero en lo personal siempre
hubo una posición de afecto que sigo manteniendo a través de los años
Sí, dicen que era un loco muy divertido, muy de hacer locuras. Pero mire, yo
en esa época ya era de la General Electric, de manera que no era la mía una vida
dedicada enteramente a la radio.
No tuve mucha ocasión en la juventud de intimar o participar, pero es evidente
que siempre fue característica de él ser optimista, amigo de la broma, de vivir
a pesar de los desasosiegos que uno pueda tener, sin mostrarlos a los demás; era
el espíritu de la Troupe Ateniense, que había en cierta medida modelado el carácter
de Soliño y de todos, porque era característica de los Collazo, de los Fontaina,
de todos los que estaban alrededor. Le repito que según referencias podría ser un
"loquito", puede ser, pero yo no lo traté así, muchacho digamos, sino que lo traté
en su posición de cronista de -El Imparcial" y yo en la compañía.
Y después con los años todo fue otra cosa.
Fontaina habla de Fontaina.
¿Cómo era de muchacho? Bueno, muy loquito, lo digo
con toda sinceridad, loquito en el sentido que sin ser un hombre de los que hay
ahora, dañino, era un muchacho cargador de minas, un muchacho divertido, siempre
buscando alguna diversión... Una vez hubo una procesión de Corpus Christi que iba
por 18 de Julio y nosotros que hacíamos las cosas que hacíamos, desfilamos al final
de la procesión cantando "a Dios queremos en nuestras leyes y en el hogar"...
Éramos cuatro o cinco o seis del grupo del café, que el café estaba allí donde
está la tienda Soler ahora, en Río Branco y 18.
Hubo una fiesta de la locomoción, fue una de las primeras fiestas de la locomoción,
compramos una serie de autitos, chiquitos y desfilamos al final, tirándolos con
un piolín, ¿comprende?
Después tomábamos por ejemplo una volanta, le sacábamos el piso y corríamos,
corríamos con la volanta. Se hacían cosas "locas" pero que no eran dañinas, no tenían
el propósito de perjudicar a nadie sino de divertir, de divertirse sanamente. Cuando
le digo que me está contando "las más suaves" prosigue: -fíjese que se casaba Roberto
y se les ocurre hacer la despedida en el famoso Cabaret Royal; se imaginará que
era una mesa enorme, como de cien muchachos, entre ellos algunos no tan muchachos
como Silva Valdés y no me acuerdo quién más; por ahí empezó la broma, la juerga,
a mí esa cosa de tirar pan nunca me gustó porque trae consecuencias, pero empecé
a desnudarme y cuando quise acordar estaba completamente desnudo sobre la mesa,
caminando por el medio y pasé delante de Silva Valdés que me dice: "salí de acá";
él tenía un pedazo de carne en el plato, y bueno, se lo saqué, no sé qué porquería
hice y se lo puse en el plato otra vez, ¿entiende?
Después me hicieron una despedida que empezó en "El Águila" y terminó en el cabaret
de la calle Andes, el "Chanteclair"; le dijimos al dueño que los de la troupe le
íbamos a hacer algo muy especial, que cuando yo le hiciera una seña apagara la luz
y luego la encendiera: "mire que va a ser un número espléndido". Entonces se me
ocurrió decirle a los muchachos, vamos a correr el mantel hasta que esté bien abajo
y vamos a sacarnos los pantalones y los calzoncillos y salir así por el cabaret.
Le hice la seña y nos encontró "en cueros"; el tipo corría detrás de todos con manteles
para taparnos. Pero a muchos les habíamos escondido los pantalones. Doble broma.
"Nunca se vio nada igual", vociferaba el propietario y yo le respondí: ¿no le
dije que Ud. nunca había visto lo que íbamos a hacer?"
* * *
INFORMATIVO 1922
POLÍTICA NACIONAL
Por primera vez se elige Presidente de la República en forma directa. Se aprueba
el programa del Partido Colorado Batllista.
Se realizan elecciones internas en el Partido Nacional, participan las fracciones
de Herrera y Lussich.
En el campo del Centro Civil de Aviación en Melilla se baten a duelo Baltasar Brum
y Luis A. de Herrera.
Del exterior
Primera Corte Internacional de La Haya. Mussolini luego de la "Marcha sobre Roma"
es el primer Ministro de Italia.
En Egipto se pone fin al protectorado inglés.
En Santo Domingo termina la ocupación norteamericana.
Marcelo T. de Alvear es electo presidente de la República Argentina.
Se levanta la primera construcción de Le Corbusier y se realiza la Semana de Arte
Moderno en San Pablo.
DEL MUNDO CIENTIFICO
H. Berger descubre las ondas cerebrales. El Dr. Frederick Banting, la insulina.
Hay más noticias para este boletín…
CORTINA MUSICAL
Aviso: ¡No deje de ver una vista espectacular!
en el RIALTO SALON, martes 7, ESTRENO 2da. sección de J'ACCUSE (Yo acuso)
sublime poema de Abel Gance para fanáticos del ... biógrafo!
CORTINA MUSICAL
CULTURALES
Aparece el ensayo de Carlos Vaz Ferreira "Sobre los problemas sociales". Juana de
Ibarbourou edita "Raíz Salvaje"; Emilio Oribe "El nunca usado mar"; Juan Parra del
Riego "Polirritmos"; Carlos Sabat Ercasty, , "Poemas del hombre", "Libro del mar",
y Carlos Reyles "El embrujo de Sevilla".
ARQUITECTURA Y ENSEÑANZA
Se concreta el concurso de proyectos para construir en Montevideo el Palacio Salvo
¡un rascacielos!, triunfa el arquitecto italiano Mario Palanti.
Se crea la Escuela de Mecánica y Electrotecnia.
Se designa para ocupar el Rectorado de nuestra Universidad al ciudadano Elías Regules,
doctor-poeta-gaucho.
MÁS BARATO EN PARIS
Parte hacia la Ciudad Luz, el escultor José Luis Zorrilla de San Martín acompañado
de su esposa e hijas.
Su misión oficial es concretar la realización del Monumento al Gaucho.
EDICIONES EXTRANJERAS
Se ha conocido Babbit de Sinclair Lewis; los Thibault de Roger Martín du Gard; Poesías
de Juan Ramón Giménez; Desolación de Gabriela Mistral; Trilce de César Vallejo;
•Veinte poemas para ser leídos en el tranvía de Oliverio Girondo, y The Waste Land,
de T. S. Elliot.
Próximo informativo en cualquier momento.
* * *
Estos titulares que bien se pudieron decir frente a un micrófono en 1922 nos hacen
pensar que la vida intelectual y los intelectuales en particular permanecían ajenos
a la radio. Y así seguirán: sin interesarse de esta tilinguería juvenil de radios
a galena y micrófonos de corneta. La radio, al fin de cuentas, podría llegar a ser
negocio. En todo caso, entretenimiento. Se teme que al pasar los años la realidad
ya no pueda ser diferente.
Pero en 1922 nadie tenía la bola de cristal.
Después de Radio Paradizábal, para mí -dice Fontaina- viene General Electric "como
estación", no como simple "experimentación"; posiblemente sea muy colindante con
la fecha con que empezó Radio Paradizábal, pero lo que hubo como expresión nueva
de radio, fue Paradizábal, y las publicaciones de la época lo pueden atestiguar.
Después empezaron a venir, pero más tarde, bastante más tarde, otras emisoras.
Entre el 22 y el 28 no había casi nada, o mejor dicho, había mucho temor con respecto
al nuevo sistema de comunicaciones; recién aparecía un medio nuevo, se le veía incluso
peligroso.
Más aún; las agencias de información se negaban al principio a darle servicios y
los diarios se mofaban un poco del sistema; decían: ¿para qué quiere usted escuchar
discos o música con ruidos, si los puede tener en su casa y elegir el día y la hora
para oírlos? Se olvidaban que las victrolas o gramófonos de entonces también eran
deficientes. Distorsionaban.
Y eso no fue sólo en el Uruguay; el comienzo de la evolución en todos los países
fue muy difícil. Aquí cuando empezaron las emisoras hubo oposición fría e incluso
sangrienta para sacarse programas y hacerse competencia. Fue una guerra.
-Al comienzo me dice Elena- se trasmitía casi exclusivamente música clásica, algo
de popular también y había muy buenos músicos. Se trasmitía en vivo, porque en aquella
época el disco, era de una gran imperfección. Se trasmitía el disco con púa de acero,
era el de 78 revoluciones, el de pasta, el de goma laca, que producía bastante ruido,
con mucho ruido de fondo; además el método de trasmisión era el de ubicar el micrófono
delante del altoparlante, que ni siquiera era eso, delante de la caja de resonancia
del gramófono; quiere decir que todo eso hacía que se degradara cada vez más la
calidad del sonido.
Aparte de la música, había gente que cantaba, otros daban conferencias; teníamos
un director artístico que murió no hace tiempo, que fue representante' de artistas
musicales.
De manera que la calidad del programa era bastante bueno, establecíamos, por ejemplo,
contacto con una escuela de canto, escuela de música que se llamaba "Escuela cantora
"los Torturiello" cuya señora era excelente profesora de piano y buena pianista.
Le estoy hablando del período de "experimentación". Después vienen los verdaderos
programas y la lucha por conseguirlos.
¿Fue una guerra? Si hubo... competencia leal.
* * *
DE LA JURIDICA A LA ATENIENSE
Como los gitanos, sin residencia fija y acampanndo donde pocha, así andaba el Atenas
por 1922. (Es Víctor Soliño el autor de "Mocosita", "Maula", "Niño bien", "Garufa",
"Adiós mi barrio"- el que lo dice). Pero ya hacía cuatro años que el Atenas andaba
en circulación por la Plaza de Deportes del Parque Rodó. Nos reuníamos en el café
Welcome y un buen día viene un fulano con un papelito (recorte de diario) que eran
las bases de un concurso que organizaba el Centro de Estudiantes de Derecho para
las fiestas de la Primavera -ya inminentes- y estábamos ahí, César Gallardo, estudiante
de Derecho, Roberto Fontaina que había abandonado sus intenciones "médicas" y yo.
Los tres valientes nos disponíamos a enfrentar el fallo de un tribunal integrado
por nombres que daban escalofríos; los doctores Emilio Frugoni, Dardo Regules y
Carlos María Prando. Ya en la primera reunión surgió título, argumento y esquema
de la revista, una obrita que se llamaría "¿Estás ahí, Montevideo?"
Estaba de moda, por esos días, una de esas frases que no se sabe bien quién las
lanza al mercado, que no dicen nada y que lo dicen todo... La gente se preguntaba
en la calle, en la oficina, en el hogar, un poco estúpidamente: ¿"Estás ahí?" Y
eso nos dio el título de la obra: "¿Estás ahí, Montevideo?"
Decidimos que el protagonista fuera el estudiante don Félix de Montemar, aburrido
y nostálgico en el infierno, le pedía autorización a Satanás para "bajar" a Montevideo
y revivir junto a los estudiantes de estas épocas recuerdos de sus tiempos en Salamanca
(
¡Vaya argumento!, pienso)
Aunque éramos novatos, la obrita quedó terminada antes de lo previsto. Pasó algún
tiempo y una noche cruzando la Plaza Independencia nos detuvieron los gritos de
un grupo que se desplazaba hacia nosotros por Sarandí. Eran estudiantes que venían
del Centro de Estudiantes de Derecho, y nos traían -dice Soliño - la grata noticia
de que "¿Estás ahí, Montevideo?" había resultado triunfante o como él modestamente
lo escribió: "había sido seleccionado como el menos malo de los engendros presentados".
Enseguida se leyó la revista a las autoridades del Centro y hubo un reparto primario
que se fue completando y consolidando a lo largo de los ensayos.
El elenco definitivo estaba integrado por estudiantes de Derecho con una capacidad
histriónica insospechada y unos pocos elementos del Club Atenas que colaboraron.
Se había ensayado mucho y bien; la noche que se levantó el telón en el Solís el
26 de setiembre de 1922 se vivía en el escenario un clima eufórico de éxito.
El teatro recordaba las grandes noches, con localidades totalmente ocupadas por
los nombres más resonantes de los círculos montevideanos y toda la tilinguería de
los que figuran en la llamada crónica social.
Telón. Aplausos. Ovaciones. El público que no quería abandonar la sala; la emoción
de actores y libretistas improvisados.
-Pero esto se llamó
"Troupe Jurídica", me aclara Soliño.
La prensa fue pródiga en elogios e incluso Víctor Pérez Petit en "La Defensa" con
su seudónimo de "El Otro" tejió encendidos elogios. Al año siguiente habíamos tenido
algunos rozamientos, algunas pequeñas dificultades con los estudiantes del Centro
de Derecho, y decidimos hacer la Troupe por nuestra cuenta pero cuando estábamos
en los ensayos aparecieron los muchachos, los estudiantes de Derecho, que habían
llamado a concurso otra vez, diciéndonos que todo lo que se había presentado era
un bodrio y que nos venían a pedir si no hacíamos la Troupe Jurídico-Ateniense (es
decir, unirse) y salió y se hizo "Tut-Ankh- amon".
Era una revista también, porque un poco antes de habían descubierto los restos del
faraón en Egipto y entonces "era tema".
"Tut-Ankh-Amon" también venía a Montevideo para conocer la gente y las cosas nuestras.
Fue muy gracioso -dice Soliño- porque naturalmente hablábamos a cada momento del
"viejo" faraón y lo encarnaba Pelliciari con barbas larguísimas y con una
calva tremenda.
¡Después nos enteramos que "Tut-Ankh-Amon" murió a los 18 años!
–La Troupe fue pues en su segunda temporada "Jurídico-Ateniense". Otro gran suceso,
temporada Buenos Aires, elogios de toda la crítica, y por años sí, tendríamos en
adelante Troupe Ateniense. Estos muchachos alegres, divertidos, despreocupados nutrieron
de personajes populares la radio que despegaba.
-Así que usted fue periodista, fue taquígrafo en la Cámara e hizo radio por muchos
años. ¡Más la Troupe y la Oxfordl
-Y su orgullo melancólico: y soy el único sobreviviente de los fundadores del Atenas,
del Club Atenas.
PARADIZABAL'S BROADCASTING
Verás... Un auto me dejó en las puertas del hotel Florida. Ya en el ascensor,
el empleado me hizo una pregunta:
-¿Tiene usted tarjeta para visitar los estudios?, y enseñé la pequeña cartulina.
-Está bien, señor, me dijo.
Al pasar por la rejilla de los pisos altos, el ascensor hacía un ruidito seco
y simpático. Con un breve chillido metálico se abrieron las puertas de la jaula.
Desemboqué en un amplio patio sobre el que se volcaban innúmeras habitaciones. Plantas
y juegos de vestíbulo de delgado mimbre. Alfombras. Una señora escribía una carta
sobre una mesa. Miré a todas partes.
-Pero... insinué, desorientado.
-Por aquí, señor -indicó, solícito, el ascensorista,
-Gracias - respondíle.
Trepé por una escalerita; atravesé un rellano; en lo hondo del rellano distinguí,
en la penumbra, una cantidad de cosas amontonadas; otra escalera se recostaba contra
el muro opuesto. La salvé en dos saltos. El aire glacial de la tarde me golpeó con
furia el rostro. Estaba en la azotea del hotel. Detrás mío se alzaba, orgulloso,
uno de los soportes metálicos de la antena. . .
Abajo, en calles y ventanas titilaban, dispersas, infinidad de lucecitas. El
edificio del Jockey Club alzaba su mole esquelética por sobre un mar de casas. Divisé
el teatro Zabala. Un tanque de agua me ocultó a la vista la avenida 18 de Julio.
La antena de la casa Paradizábal, en Andes y Colonia, prendía, a intervalos, una
estrella que se deshilachaba en largos y delgados rayos. Caminé hacia la izquierda.
Una puerta me dio acceso a un corredor angosto y corto; al fondo del corredor, tras
una puerta hermética, sonaba un "foxtrot'. Esperé. Prendí un cigarrillo La tarde
moría en el cielo. Las cúpulas resaltaban por sobre el macizo informe de la edificación,
y en un postrer destello apagáronse los reflejos áureos de las claraboyas agazapadas
sobre las azoteas vecinas.
Calló la música. Entonces, con los nudillos, dí dos golpecitos discretos en la
puerta y empujé un poco. La puerta cedió con un débil quejido. Un cortinado espeso,
rojo, cubría el muro que iba apareciendo por la hendidura de la puerta. Una luz
grata me dio en los ojos. 'Dos caras me miraron asombradas. Entré. Un piano enorme,
una victrola , varios hombres con instrumentos de música, dos señoras sentadas,
una mesilla, un teléfono sin auricular, un micrófono sostenido por dos espirales
casi invisibles de alambre de cobre. Y todo acolchado, suelo, paredes, techo. La
luz lucía medio semiescondida por un repliegue del tapiz rojo.
La pequeña, nerviosa, simpática figura de Viapiana salió a mi encuentro. Nos
chocamos las manos. Entonces yo dí un recio "Buenas tardes" que todos contestaron
con un eco. Viapiana se llevó un dedo a los labios y me largó dos chistidos al tiempo
que, con un gesto, me señalaba los micrófonos. Comprendí mi indiscreción y sonreí.
Viapiana hízome señas para que le aguardara. Fuese hasta el trasmisor que estaba
sobre la mesita y, con voz clara, pausada, tranquila, trasparente, comenzó a decir:
-Trasmite la Radio Paradizábal. Montevideo. Número cinco. Cuplet de "La Montería",
cantado por la soprano señora Isabel Uría.
Y, luego de apretar un timbre que no oí sonar, hízome señas invitándome a pasar
al otro aposento. Atravesé la mullida habitación y penetré por una puerta acolchada
a la contigua. Zumbidos, golpes secos, rasgueos, moscardoneo de dínamos, timbres,
zumbidos...
Mientras Viapiana me hacía las preguntas del saludo, un altoparlante comenzó
a cantar con inusitada fuerza y claridad el popularísimo couplet "La Montería".
Charlamos unos instantes. En eso, calló la música. Viapiana, por la puertita, desapareció
de mi lado. Un mozo, silenciosamente inclinado sobre una mesita llena de alambres,
cargada de botones, repleta de especies de relojes, enchufó y desenchufó luego.
Se hizo un ruidito en el altoparlante. Enseguida una voz recia llenó el reducido
aposento:
-Trasmite la Radio Paradizábal, Montevideo. Avisamos a todos nuestros oyentes
que esta noche, a la hora 21, trasmitiremos la revista en dos actos y 18 cuadros
"París qui Jazz", que representará en el teatro Urquiza la compañía de León Volterra,
del Casino de París. Número seis, "La danza de las horas", de la ópera "Gioconda",
ejecutada por la orquesta Radiozábal. Trasmite la Radio Paradizábal, Montevideo.
Calló la voz. Entró una señora y se aposentó cerca mío. Enseguida entró Viapiana.
Tornamos a charlar. En el trasmisor brillaban las lámparas. La música sonaba en
el altoparlante. El mozo seguía absorto ante los botones, los alambres, los relojes
de la mesita. Por el recuadro de un vidrio divisaba parte de la bahía. En lo hondo,
como una enorme silueta azul, el Cerro destacaba su mole; más acá, sobre la tersura
de las aguas azuladas, bajo un cielo rosa y violeta, caminaban despacio unos barcos
diminutos que iban dejando. una manchita de humo en el aire transparente.
Y una profusión de luces prendíanse y apagábanse a intervalos por sí mismas...
Calló la orquesta. Me despedí. Y, cuando iba descendiendo la escalerita, oí la
voz de Viapiana cantando "El rey del cabaret". Hacía un frío terrible. Atravesé
de un salto la vereda y me acurruqué en el asiento mullido del auto. Arrancó éste
con un silbido poderoso. Cuando doblamos la esquina, las torres de la antena se
me aparecieron como arañando el cielo. Y yo pensé que estas torres son el más alto
escalón logrado por el hombre en su marcha de progreso, y me figuraba a miles y
miles de hombres -diseminados por toda América- oyendo al unísono a esta estación
trasmisora que yo acababa de visitar con la rapidez de un bólido.
A.M.F.
Esta crónica de la época viene ilustrada en la "Revista Radiotelefónica" con dos
fotos: de la pianista María Adela Fourquet y del concertista de piano
Felisberto
Hernández que estrenó en la radio pionera su obra "Primavera". Muchos ni soñaban
que éste sería el famoso escritor.
Con el piano se ganaba entonces la vida.
Las iniciales de quien firma la nota y el estilo -aunque ingenuo, preciso-, parecen
corresponder al entonces joven Alfredo Mario Ferreiro, que después fuera humorista,
poeta y periodista, autor de "Prohibido dar la mano" y "El hombre que se tragó un
autobús".
Filiberto Hernández
Le pido Don Emilio Elena que me hable del momento en el cual h dos emisoras: "Paradizábal"
y "General Electric": A partir de entonces se produce otro fenómeno -me dice-: "Cerrito",
la estación "Cerrito" que trasmitía con chispa, era un infierno. No había un lugar
del dial donde no apareciera la chispa cuando empezaba a trasmitir y eso significaba
un gran obstáculo para la divulgación de la radiotelefonía. Ese ruido se colaba
desde los 150 kilociclos hasta los 1.500, de manera que cuando salía "Cerrito" no
se oía absolutamente nada ni aún las estaciones locales. Bueno, eso movió al ingeniero
Altamirano, de General Electric, a ofrecer al gobierno uruguayo la instalación de
un trasmisor de onda continua en reemplazo de la estación de chispa. Le repito -me
vuelve a aclarar- que la General Electric nunca partió de la base que la , estación
debiera ser "broadcasting" (como son actualmente) interesaba que fuera una fuente
de recursos, por el contrario; siempre consideramos que la utilidad tenía que venir
de la venta de receptores.
La realidad implacable haría cambiar los planes.
Yo digo: quiero saber, concretamente, qué hacía don Emilio y con qué gente se manejaba
una emisora en los comienzos.
-Nosotros, me involucro también,-me contesta-porque actué de gerente de General
Electric casi desde el comienzo de la radiotelefonía, tenía a mi cargo todo lo referente
al trasmisor, al programa, en fin, a todo. Los gastos de operación eran relativamente
bajos, había un operador que cobraba sueldo para trasmitir de noche que en realidad
era un empleado de la compañía y que de esta manera se ganaba una "extra". Yo no
cobraba sueldo por supuesto; quiere decir que todo que había que pagar eran los
gastos de corriente; la amortización del equipo, no se tenía en cuenta y los programas,
los músicos de aquella época que con mucho entusiasmo y lirismo, cobraban muy poca
cosa; un pianista era cuestión de 3 o 5 pesos por noche. (Yo pienso en Felisberto).
Deseamos saber hasta cuándo se extiende la actuación de Radio Paradizábal.
-Yo no tengo la fecha; pero fue una vida muy efímera; sí, como difusora tuvo una
vida muy efímera, quizá un par de dios, de esa magnitud debe ser, pero yo tendría
que ver algunos apuntes, algunos recortes que tengo.
Luego vendió su trasmisor a "El Día", que también lo usó durante poco tiempo, porque
en aquella época la prensa no se sentía muy cómoda con la radio.
¿Esa frecuencia se perdió?, pregunto buscando redondear el dato. Esa frecuencia
se hizo humo, ironiza, porque la estación un día se incendió. La estación que estaba
instalada en ese localcito sobre el hotel Florida, una noche, no se sabe a gil.
é hora, si es-taba operando o no, recuerdo que se quemó. Aquella estación pionera
quedó prácticamente inusable; se hubiera podido reparar con ciertas inversiones
que nadie estaba dispuesto a efectuar.
Vivía del aire y desapareció en el aire.
Después de aquellos primeros intentos, en dicíembre del 24, vendría Radio Montecarlo;
en agosto del 25, lo que luego sería CX 30; en octubre del 28, Radio Carve, y en
1929, Universal, antes FADA Radio, Radio América y por supuesto la Radio Oficial
(SODRE) a impulsos del Dr. Francisco Ghigliani.
Según documentos archivados en la Asociación Nacional de Broadcasting Uruguayos
(ANDEBU), en 1924 comenzaba Radio Paysandú; en el 26, Radio Durazno y La Voz de
Paysandú y en el 27, Radio Cultural de Salto, entre otras.
MENAFRA - RIO NEGRO
-Muy señores míos: me es grato poner en su conocimiento un hecho que segura-mente
será de interés para todas las personas de campaña, sobre las ventajas de la radiotelefonía.
Yo tengo un aparato receptor instalado en mi estancia "los Molinos", con el cual
escucho diariamente las trasmisiones que se hacen desde Buenos Aires y Montevideo,
las que encuentro sumamente interesantes. Hace algún tiempo yo tenia pendiente una
ope-ración de venta de un ganado que no había llegado yo a cerrar debido a que la
oferta que me hacían la consideraba baja. El mismo día que estaba por rechazar dicha
oferta, escuché por radio las cotizaciones de Tablada y el anuncio de que probable-mente
bajaran los precios, por cuya causa inmediatamente llamé al comprador y cerré dicho
negocio. Los precios del ganado bajaron, y esta venta fue una ganancia para mí de
más de $ 500 que ampliamente cubrieron el costo de mi receptor.
Sin más, saluda a Uds. atte. - Julio Gutiérrez Zorrilla".
Años después, Benito Nardone -Chicotazo- mostraría como comentarista, dirigente
gremial y hasta político, el poder y el alcance del nuevo medio que entonces nacía.
EL PATRÓN ERA EL DELEGADO
Hacia 1922 la primera división del fútbol uruguayo era la mejor del mundo; dato
que no se sabría hasta dos años después. Estaba integrada por 12 cuadros: Peñarol,
Nacional, Wanderers, Rampla Juniors, Lito, Central, Liverpool, Universal, Belgrano,
Charley, Uruguay Onward y Dublín.
Peñarol, campeón en 1921, marchaba a la cabeza del Campeonato Uruguayo con tres
puntos sobre su rival más próximo: Nacional y ya tenía conquistado el campeonato
de 1922, cuando fue desafiliado.
En Buenos Aires, el fútbol estaba dividido y Peñarol y también Central, adoptaron
una "neutralidad activa" (jugar con todos) ya que entre los disidentes argentinos
había viejos amigos como River Plate, Racing (la vieja "academia" del Alumni), Independiente,
etc.
La Asociación Uruguaya decidió
no jugar con los disidentes, no afiliados
a la FIFA. La situación se mantuvo tensa por un tiempo. Ya al formar el equipo celeste
para el latinoamericano de Río se prescindió de los jugadores de Peñarol (setiembre-octubre,
1922). El 12 de noviembre, Peñarol inauguró en Buenos Aires las nuevas instalaciones
de Racing, a la par que Central jugaba con Independiente. El 14, la Asociación Uruguaya
de Fútbol los desafinó. Era la crisis del 22, el cisma Peñarol, Central y clubes
que estaban "taponeados" pues no había ascenso-descenso, fundaron la Federación
Uruguay. El cisma duró tres años hasta el 9 de octubre de 1925, en que el llamado
Laudo Serrato terminó con la división.
Los fallos de los jueces eran apelables ante la Junta Dirigente. Era el gran momento
del delegado, capaz de anular un gol en la Liga y hacer tirar un penal de nuevo
a puertas cerradas.
En Peñarol ese año jugaban Legnasse, Benicassa, Rognone, Granja, Routta, Delgado,
Carreras, Bonini Rayera, Posse, Arremón, Guelmi. Olivera, Terevinto, Piendibeni,
Artigas, Campolo y Peralta.
En Nacional.: Savio, Mazzali, Urdinarán, Pena, Foglino, Olivieri, Marroche, Zibechi,
Vanzzino, Naguil, Somma, Urdinarán, Héctor y Carlos Scarone, Romano, Marán y Miramontes.
Había nacido Cerro (diciembre, 1922) y habían avanzado a primer plano Bella Vista
(con Nasazzi y Andrade), Capurro (de Lorenzo Fernández), Fénix (de Anselmo), Misiones
(de Ballestero y Calvo), Racing (del canario Iriarte), Rosarino Central (Carlos
Riolfo), Solferino (Alvaro Gestido), Sud América (Corazo y Fedullo); había dos Lito
(Cea, el manco Castro, Lobos), dos Charley (de Petrone), dos Wanderers (de Figueroa
y Tejera), habían surgido Defensor, Colón, etc. Nunca el fútbol había crecido tanto.
Dividido y luego vuelto a reunificarse, jugaban por la camiseta y además jugaban
mejor que los demás.
* * *
-Yo, antes de la radio -me dice Elizabeth Durand, otro cigarro y otro vinito- comencé
con colaboraciones en la página femenina del diario "El Imparcial", que dirigía
Teresa Santos de Bosch, la hija de Máximo Santos, una mujer inteligente y maravillosa.
Firmaba con el nombre de "Fabiola" y yo con el mío propio, pero hacer periodismo
me trajo problemas con mi profesión de maestra. Por eso Adela Barbitta se transformó
en Elizabeth Durand. Me pagaban por aquellas colaboraciones $ 1.50, $ 2.00 o $ 2.50.
Era antes de recibirme.
-Me importa saber si eso era "plata".
-Y... yo me pagaba el abono, me compraba algún par de medias, empezaban a usarse
las medias de seda, también las hojas de caligrafía, para las clases *de "bella
letra" que eso quiere decir caligrafía. Bueno, a la profesora nunca le parecieron
bien mis trabajos y entonces las rechazaba y las tiraba al suelo directamente. Yo
veía que caían y hacía el cálculo: 25 centésimos, 35 centésimos... ¡y para mí eso
sí que era dinero! Pero me recibí, me recibí brillantemente y trabajé años y dios
como maestra en el Cerro.
Cuando dejé de colaborar con Fabiola, Eduardo Ferreira, director de "El Imparcial",
me dijo: escriba en la página de teatro. Silvia Guerrico era la directora de esa
sección. A mí no me pagaron un peso, yo ganaba más como colaboradora de la página
femenina, pero eso sí, me daban entradas para ir gratis al teatro.
Yo en cambio -me dice Lalo Etchegoncelay- había estudiado 9 altos piano en el conservatorio
Kolischer con María Luisa Soria, después dejé. Siendo más mocito me atraía mucho
el deporte, entonces llegué con los amigos del barrio al Club Atenas y cosa del
destino, en el Club Atenas se me despertó de nuevo la pasión por la música; allí
estaba Manual Salsamendi, sensacional pianista, uno de los grandes del mundo -lo
digo sin exageración ni temor a equivocarme-aunque nunca hizo efectiva esa calidad
fabulosa que tenía; estaba dotado magníficamente por la naturaleza, pero no tenía
alma de artista.
Yo tendría 16 o 17 años, entonces volví a los viejos amores, dejé el deporte y empecé
con la música, entonces me hice amigo de Ramón Collazo, de los Fontaina, de De Feo,
de una serie de amigos, de Juan Antonio Collazo que fue un factor fundamental en
mi vida por lo que irradiaba. Un hombre creador sensacional, autor de "Niño bien",
autor de "Garufa", nada más que eso te nombro. ¿Qué te parece?
Dos éxitos mundiales que siguen prendidos ahí en el repertorio de todos los países
europeos.
Manolo Salsamendi -que tanto tuvo que ver con mi vocación y profesión del futuro-,
anduvo metido, también te lo dije, ¿no?, en las primeras patriadas de Radio Paradizábal.
Yo no, tenía unos 10 años, entonces. Con Salsamendi iban a cantar Colelo Bianchi
y Ramón Collazo.
CARRERAS SON CARRERAS
En enero, grandes calores y grandes pruebas internacionales, el favorito es Caid.
Invicto en Maroñas en la temporada anterior y héroe en Palermo es el preferido.
Aldeano, Buen Ojo, .Mandarín y Pripool son tan sólo lances más o menos factibles.
Llega el anhelado día. Hay tanta gente, tantos señores y damas copetudas en Maroñas
que ni el piso del palco se puede divisar.
Feroces combates cuerpo a cuerpo frente a ventanillas.
Hay quien pierde una manga del saco, aquel el "rancho de paja", otro aparece con
una rotura inmensa en el pantalón.
Caid se apodera de la vanguardia seguido de
Buen Ojo a dos cuerpos.
Pero la recta final termina con todos los sabios pronósticos y muchos pesos, ya
que gana
Buen Ojo por medio cuerpo en tiempo extraordinario de 2'52 2/5 record
mundial, entonces. ¿También en esto éramos los mejores?
En febrero triunfan el elemento joven:
Stayer, Milonguero y Solitaria.
En marzo y en el clásico Ensayo vuelve a imponerse
Stayer que era gran favorito.
Pagó poco.
Una semana después
Caid gana con la monta del jovencito Leguisamo. Un crítico
de ese momento escribe proféticamente:
"la gente empieza a ver en Leguisamo un
jockey extraordinario, lo mejor que ha hecho Dios desde que se inventaron las carreras"
¿Otro más?
DEL GRAN MUNDO
Sociabilidad
"Foco de intensa sociabilidad, fueron anoche los elegantes salones del prestigioso
Hotel del Prado, donde se realizó el acostumbrado diner-baile de moda de los jueves.
Cada día van adquiriendo mayor relieve estas fiestas, a las que prestan su valioso
prestigio personal los más destacados elementos de nuestro ambiente mundano.
Y la fiesta de anoche, superó a todas las realizadas últimamente por la animación
que reinó en ella, y por la calidad de las personas que la disfrutaron.
A las 10 de la noche, el gran salón central, ofrecía un aspecto hermosísimo.
Numerosas mesas, luciendo bonitas decoraciones en flores naturales, estaban colocadas
a los costados del salón, que-dando el centro de éste, disponible para el baile.
La excelente orquesta de que dispone el estable-cimiento, ejecutaba las más variadas
piezas de baile modernas, que fue-ron aprovechadas durante el diner, por numerosas
parejas.
Entre las numerosas personas conocidas, que ocupan mesas, citaremos algunas de las
que recordamos:
El Dr. Jorge A. Mitre, tenía en su mesa a la señorita Adela Leloir Unzué y señores
Antonio Leloir y Jorge Piacentini.
Otra mesa la ocupaban, las señoras: Elena Capurro de Arocena, Maruja Sosa Idiartegaray
de Zumarán Arocena y los señores Enrique Aro-cena y doctor Carlos Zumarán Arocena.
En otro vimos a las señoras Carola Ramírez de Blixen, María E. Risso Braga de Zumarán
y señores Enrique Blixen y José M. Zumarán.
En otra estaban las señoras Sara Fuentes de Sardá, Juana Naveiro de Milhas, señorita
Amanda Naveiro, y los señores Rodolfo Sardá y Emilio Mil-has.
En otra las señoras: María Angélica Carvallido de Goldaracena, Alicia Martorell
Etchenique de Falco, Ether Vidal de Alvariza y los señores César Goldaracena, Marcio
P. Falco y Hugo Alvariza.
Otra la ocupaban las señoras Lydia Sosa Idiartegaray de Butler, Elena Butler de
Gutiérrez, Ricardo Butler y Carlos Gutiérrez.
Otra mesa la ocupaban los señores Jarbas Barreto, Ricardo Zumarán Arocena y Alfredo
Risso Sienra.
Otra las señoras Margarita Figari Castro de Fayet, Silvia Búrmester de Sienra Lessa
y los señores Raúl Faget y Ricardo Sienra Lessa.
Ocupaban otra las señoras Natalia Cardoso de Morales, Elena Cardoso de Fernández
Ribeiro, señoritas Blanca Morales Cardoso, Iris Ribeiro Cardoso y los señores Alberto
Morales y Fernández Ribeiro.
En otra, estaban la señora María Martínez de Pons, señorita Margarita Pons Martínez
y señor Horacio Williman.
Otra era ocupada por los señores Antonio Piaggio, Santiago Carlevaro, Serafían Batestin,
José A. Costa, Antonio Barthe, Tomás Giulfo y R. Gambone.
Terminado el diner, la concurencia se diseminó por los salones iniciándo-se luego
el baile, que en medio de la mayor animación, se prolongó hasta pasadas las 2 de
la mañana de hoy.
A éste asistieron además numerosas personas conocidas que llegaron después de terminado
el diner.
Con la soberbia fiesta de anoche han quedado definitivamente implantados en sociedad,
los diner baile de los jueves, en el Hotel del Prado, que han de conseguir con su
brillantez y selección las notas más amables de la presente estación".
VIAJEROS
-Mañana son esperados de su estancia en Paysandú, el doctor Carlos Peixoto de Abreu
Lima, su señora Esther Nin y sus hijos.
-Regresó a Flores, lugar de su residencia, el señor Manuel Vaquero.
-Ha llegado de su establecimiento de campo el señor Franklin de Souza Mascarenhas.
AUDICIÓN DE PIANO
Tal como lo habíamos previsto, constituyó una nota artística de intenso interés
la audición de piano que tuvo lugar ayer, a cargo del niño Jonás López. ¡Un verdadero
pianista de 13 años! que durante más de una hora deleitó a un auditorio selecto,
ejecutando de memoria un escogido programa. Próximamente dará su primera audición
pública en el teatro Albéniz el niño López.
REVISTA DE LA MODA
Ultimas novedades en ropa interior
La moda, ligera y caprichosa, evoluciona; transformando nuestras prendas de ropa
blanca y la fantasía de sus adornos. Así, bajo un vestido escotado, se impone hoy
llevar una camisa y una combinación cuyas líneas se adapten a las del vestido. A
este efecto están del todo designados los atavíos como vestidos interiores elegantes
a la vez que prácticos de una "toilette" primaveral. De mucho efecto y de rápida
ejecución es el bordado inglés que goza de muchas simpatías.
Muy favorecidas son las prendas confecciona-das con flores y festones de colores
prefiriendo el color que haga juego con el vestido, imprime un "chic" especial la
cual preocupará a toda mujer elegante. A veces al pie del festón priva el encaje
valenciana realzando la hermosura y elegancia de la prenda.
Sumamente distinguido es el efecto producido por la combinación de la batista de
seda y el "pon-gee" Japón empleado para la ejecución de los modelos lujosos de prendas
interiores las cuales se ven confeccionadas con habilidad y distinción.
VIAJEROS (II)
- Se ausentaron para su estancia en Sarandí, el señor Eduardo A. Sheppard y su esposa
Bertha Riestra. Fue también con ellos el niño Hugo Baroffio Riestra.
- Parte próximamente para su estancia en San José el señor Alejandro Shaw, su señora
María Concepción Howard y la señorita Joan Allen Brown.
- Son esperados en estos días de su estancia en Casupá, el señor Rafael Howard Arrien,
su señora Carolina Fuller, su hija Susana y la señora Sofía Crocker de Fuller.
SOCIABILIDAD (II)
- Hoy recibirá a sus amistades la señorita Margarita Goldaracerfa de Ungó. Con tal
motivo la elegante residencia de la distinguida dama en la calle Juncal. Será foco
de interesante sociabilidad.
- El próximo lunes clausura sus recibos de invierno la Sra. Flora Wells de Shaw.
Ello hará que en su lujosa mansión de la calle Zabala se congregue un selectísimo
grupo de personas conocidas, lo que motivará una lucida reunión social.
PEREGRINACIÓN AL VERDUN
Un espléndido acto de fe, promete alcanzar la gran peregrinación que el domingo
6 del corriente se realizará a la Virgen del Verdún en el departamento de Minas,
organizada por el Consejo Superior de las Hijas de María del Uruguay.
VIAJEROS (III)
- Mañana parten para su estancia en San José el señor Carlos Forteza, su señora
Sara Falcone y señorita hija Sarah.
-Para su estancia en la República Argentina parte en breve la señora Petronila Sanguinetti
de Piñeyrúa y sus hijos.
- Para el interior se ausentaron los señores Gerardo y Alejandro Zorrilla de San
Martín.
El vestido de noche práctico
Los vestidos importados de París durante la media estación suelen darnos una idea
de la moda que vendrá y si se escogen con tino y se buscan los modelos moderados,
es posible hacerles prestar servicio durante más de una temporada.
El moaré y el crespón de la China, materiales preferidos para la noche, se usarán
mucho en la temporada entrante. Suave, flexible, tan ligero como cualesquiera otra
seda y de grano muy fino, el moaré no se parece en nada al material generalmente
denominado así y viene en los colores más hermosos: rojo de la China o el llamado
tomate, azul "Fragonard", azul marino, negro, blanco y color de rosa. Hay un raso
crespón que es una tela ideal para los nuevos trajes drapeados.
VIAJEROS (IV)
Dentro de breves días estarán entre nosotros procedentes de Génova el señor Amadeo
Salvo y señora Catalina Salvo, que llegan en el "Giulio Cesa-re" después de una
larga gira por las capitales del viejo mundo.
-Para Norte América parten el doctor Horacio García Lagos, su esposa Ema Capurro
y sus hijos.
-Regresaron del viejo mundo a bordo del "Lutecia" los señores Diego Pons y Alberto
Hardoy.
-En el "American Legion" partió para Norte América el señor Enrique Bonino.
EL HONOR DEL MARQUES MAESTRI MOLINARI
El martes 7, en vez del domingo 5, se realizará el anunciado banquete que la colectividad
italiana ofrece al ex ministro de Italia, marqués Maestri Molinari con motivo de
su regreso a Italia. Con todo entusiasmo se siguen recibiendo las adhesiones en
el Círculo Italiano.
BENEFICENCIA
Mañana se llevará a cabo una interesante reunión cinematográfica con fines de beneficencia
en la elegante sala de “Petiti Trianón” en la avenida 18 de Julio.
ENFERMOS
Se encentra indispuesta la Srta. Concepción Zorrilla de San Martín. A la hermana
del escultor le deseamos pronto restablecimiento.
RUMOR DE ALAS
El hogar de los esposos Maggi-Cleffi ha sido visitado por la cigüeña el 5 de agosto
de los corrientes, con el advenimiento de un hermoso varón de seis kilos y medio
que llevará por nombre Carlos Alberto. La madre fue asistida en el Sanatorio Pacheco.
Los felices papás vienen siendo felicitados ante la belleza del niño que desde su
llegada es el centro de toda atención.
VIAJEROS (V)
Acompañado de su señorita hija Lila, ha llegado de Minas el señor Juan Aldabalde.
- Próximamente par-te para Colonia Suiza. el doctor Alfredo García Morales, su esposa
María Josefina Díaz Fournier y sus hijos.
- De Maldonado llegaron los señores Ramón Guerra y su hijo Luis María.
SE CASA EL LORO
Hago un aparte para que Elizabeth Durand -divertida y juvenil- me cuente la historia
del famoso casamiento del Loro Collazo, que aunque posterior, ejemplifica sobre
estos años locos de la radio y de Montevideo.
Aunque critique y suelte a veces palabras que no corresponden, Elizabeth siente
un enorme cariño por Roberto y Raúl Fontaina, por Juan Antonio y Ramón Collazo,
por el equipo de boys que la impulsó cuando era una muchachita. Fijate -me dice-
que soy el último representante de una especie extinguida. "la de los fieles". Me
cuenta que fue "reina" de la radio, allá por los comienzos y por voto popular; me
recuerda que Juan Enrique De Feo le decía que para ella "el micrófono era la atracción
de una boca que la llamaba y yo me arrimaba, me arrimaba... trabajando a oscuras,
improvisando, llena de amor...".
Pero yo quiero que me cuente el "casamiento" del Loro.
-Montevideo era ¡divino! bailábamos en el Parque Hotel, ¡tenía tantos dragones!
Era enamoradiza yo. Les gustaba y me gustaban... ¿Sabés que bailé con Leguisamo
en el Miramar de Carrasco? y fijate los metros que le llevó yo ..., lo tenía acá,
al bailar.
Está bien, no me divago más, te cuento lo del famoso casamiento del Loro. Había
salido apuntado en el Diario Oficial el casamiento de un tal Ramón Collazo. Ramón
Collazo es nombre y apellido de gallego y el Loro -Ramón Collazo y compañía-agarraron
viaje enseguida con la coincidencia del nombre y edad. Empezaron a anunciarlo por
radio mucho tiempo y Ramón, que era surrealista -sin saberlo ni importarle- decía
por radio :"no manden regalos, pero eso sí, deben ir al casamiento". Aquellas "fans"
que escribían cartas todos los días y que podían firmar y firmaban "Je t'aime" o
"Toi et moi" se enloquecieron todas. Pero como los Collazo y compañía eran muy populares,
también estaban los curiosos. Se movilizó cuanto barrio hay en Montevideo y alrededores.
"No manden regalos, pero vayan al casa-miento que es tal día y a tal hora".
La ceremonia, en la Iglesia de Pocitos, esa que tiene una plazoleta al frente, creo
que es "San Juan Bautista". Y claro, ese día se fue reuniendo un gentío imponente.
Entonces el cura sale y grita: "aquí no se casa ningún Ramón Collazo ni se casa
nadie". Mujeres jóvenes y mujeres de edad cuando iba pasando el tiempo y no aparecía
nadie, fueron rompiendo los ramos de flores que habían llevado. Con el párroco gritando
y cuando ya la gente desesperaba ... ¡apareció una carroza! una carroza imponente,
descubierta, que había sido de Santos o de Tajes o de no sé quién. Una locura con
ruedas. El
El "Loro" Collazo novio, el Loro Collazo, vestido con unos pantalones de golf, unas
medias rayadas y otras ridiculeces...
¿Y sabes quién era "la novia"? Raúl Fontaina. Que me mate nomás, pero la novia era
Raúl Fontaina, "vestido de novia".
Pensá en lo que mide, en su físico y de "novia"... Con unos tules que eran mosquiteros
y como "ramo de novia" un enorme repollo.
Mucha gente se enojó. Muchas viejitas pisotearon las flores de su ilusión. Ellos,
tan campantes, dieron una vuelta muertos de risa y se marcharon.
La gente había venido de todos lados, yo estaba dando una clase particular y recuerdo
el regreso de una familia en un Studebaker que desde Colón había llegado hasta Pocitos.
Al que manejaba le decían Tío Paco -en realidad era Joaquín- y lo habían sacado
de la cama con un ataque de lumbago. En aquel Studebaker habían viajado ocho personas.
Todos regresaban con "caras largas" y el Tío Paco torcido por el lumbago diciendo
cualquier cantidad de malas palabras.
Y ellos dos, muertos de risa. Habían avisado: no manden regalos.
¿No crees que después de esto Raúl Fontaina padre me retire el saludo para siempre?
-Estoy seguro de lo contrario, Elizabeth; don Raúl Fontaina se sigue riendo. Hacer
el gran imperio llamado "Carve" no le quitó el buen humor.
* * *
APARECE EL BAJO
A Emilio Elena -tan auténtico, tan emprendedor, tan responsable- le pregunto de
pronto por el barrio de los prostíbulos, "El Bajo" que era un lugar infaltable en
el Montevideo de su tiempo.
Don Emilio me dice sin apurarse, pensando sus palabras:
-Yo supongo que este pedido no constituye una definición, que podría ser acusatoria,
de que yo fuera un habitué, tratando de relatarle distintos acontecimientos de lo
que ocurría en ese lugar, tan popular, tan conocido por los jóvenes de entonces.
Con todo, le voy a contar un hecho, que se produjo fuera nuestro país y que tuvo
una incidencia, por lo menos en mis recuerdos, sobre el lugar que usted cita.
Yo había ido con mi señora a hacer uno de los tantos viajes a Estados Unidos y tuve
la necesidad de intercalar en ese itinerario a Canadá. Y en Canadá, mi punto de
contacto era en Toronto; ahí fuimos para lograr alguna información que yo necesitaba
de la producción de distintos artículos y tuve que ir también a Peterborough, a
más a menos cuatro o cinco horas de ferrocarril y permaneciendo ese día ausente
de Toronto donde quedó mi señora. A la llegada, Canadá era siempre para nosotros
un país muy hospitalario, me recibían con muchas atenciones, con mucho culo, y como
yo conocía al tesorero de la compañía, fui un poco cómplice en esta aventura. Dejé
a mi señora, pero con anterioridad, ella había averiguado cuál era la casa más representativa
de comercio de pieles, y yo no sabía, por más que me lo suponía, que tenía esa ambición
de adquirir un saco de piel aprovechando ese viaje; y ahí después de ver algunas
vidrieras, porque en Toronto -sabe- los sábados y los domingos está todo cerrado,
es un país sumamente religioso, no se vende alcohol ni se permiten diversiones.
Pero ella quiso salir a ver vidrieras, con esa mente inocente, pero indudablemente
con un destino que era lo de "Maximiliano" el famoso productor de pieles y afamadísima
casa.
Al día siguiente yo estaba en Peterborough y a mi regreso me encontré con una novedad,
me encontré con que mi señora había estado en lo de "Maximiliano", había averiguado
precios, y le parecía que el mejor negocio que se podría hacer era comprar un saco
de piel, dado las ventajas de calidad, de precios y de conveniencia, porque habíamos
llegado en una semana particularmente importante en esa clase de negocios. Era en
realidad la terminación de la temporada que allá coincide con la celebración de
un gran premio de carreras, que tiene una gran concurrencia de extranjeros que aprovechan
naturalmente su estadía en Canadá para usufructuar las ventajas de precios especiales,
calidad, surtido, etc. En realidad, cuando yo llegué me encontré con que se había
producido una especie de complot entre aquel tesorero de la compañía de Canadá,
que había colaborado evidentemente con consejos, con informaciones, con una colaboración
muy eficaz, a que mi señora eligiera un saco de piel; cuando regresé a Toronto me
encontré con que a mi última línea de defensa, que era decir "yo no traje dinero
para estas cosas", se me contestara: "Usted no se preocupe, nosotros le adelantamos
el dinero para comprar ese saco".
Resultado final, como no podía ser de otra manera, el saco fue comprado. Y yo hice
algunas observaciones con respecto al peligro de introducirlo a Estados Unidos;
la comunicación entre Toronto y Estados Unidos que puede hacerse naturalmente a
través de los lagos, corrientemente se hace en el ferrocarril que llega hasta Buffalo,
cruzando la frontera y ahí hay vigilancia aduanera, por supuesto. Esa vigilancia
aduanera sube al tren, una estación antes de llegar a la frontera; estaba integrada
por el hombre que hace revisación de pasaportes y por los guardias aduaneros de
Canadá y Estados Unidos. Muy bien, en ese momento yo le pregunté al vendedor y él
en forma dubitativa que no me convenció del todo me dijo: "No, yo estoy casi seguro
que no le va a pasar nada". Al final presionado por el deseo de mi señora transamos
con esa situación y llegó el momento de ubicarnos en el tren; en el tren el saco
no podía ir en valijas, no teníamos valijas grandes como para una cosa así, y lo
doblamos con gran cuidado procurando que tuviera la apariencia de una cosa usada,
pero había algo en lo cual mi señora no transó. Yo dije: "Pero quítale la etiqueta",
y la etiqueta era sagrada, la firma "Maximiliano" era un certificado social de buena
calidad; bueno, marchó con la etiqueta, pero hubo necesidad o conveniencia de ocultarla
lo más posible, y yo con gran cuidado doblé el saco de forma que la etiqueta no
apareciera. A todo esto la vibración del tren fue abriendo el saco, desapareció
el arreglo que había hecho y lo que se veía más ostensiblemente era justamente la
etiqueta. En ese momento ya estaban los guardas aduaneros, no había forma de corregirlo
y resolvimos entregarnos a nuestra buena suerte.
Al rato nos llama el canadiense, y con el americano examinaron con particular interés
nuestros pasaportes, que eran de color verde; la apariencia exterior era americana,
pero se encontraron con que el contenido era distinto; yo vi que intercambiaban
muchas opiniones y que el inspector de aduana estaba particularmente interesado
en el pasaporte; lo miró con gran atención, me preguntó y le dije que el país era
Uruguay y ahí terminó el episodio, es decir, terminó este aspecto del episodio.
Me senté de nuevo con mi señora y a mí se me ocurría que los guardias no hacían
más que mirar el saco; confieso que estaba nervioso, y al rato veo que con el "porter"
(el hombre a cargo del vagón) me manda llamar el inspector de aduana. Me toca el
brazo, me dice que ese señor quería hablar conmigo; el estaba dos o tres asientos
más atrás, y le dije a mi señora: "Evidentemente es el colmo de la discreción, ¿no?
Seguramente vamos a tener líos, pero son muy disimulados".
Entonces cuando llegué tuve la gran sorpresa. Me senté a su lado y me empezó a conversar
y en determinado momento me dice: "Calle Yerbal", las únicas palabras que sabía
decir en español; lo miré con enorme sorpresa, como se podrá imaginar". ¿Y qué quiere
decir con calle Yerbal?" y él me contestó que conocía la calle Yerbal. Obviamente
le pregunté cómo la conocía. Me contó el episodio: siendo marino de aquella escuadra,
del Almirante Capertown creo que se llamaba, estuvo de visita terminada la guerra
del 14-18 -habrá estado en el 19 o 20- y me dice:
"Yo era un marinero y hacía dos meses que navegábamos y nos dieron una noche libre;
¿dónde se imagina usted que íbamos a pasar? "En la calle Yerbal", y me hizo evocar
algunas de las cosas que yo conocía indudablemente: la venta de sandías; había en
las esquinas, en varias esquinas de esa calle, durante las horas de la noche sobre
todo, puestos para vender tajadas de sandía; él recordaba haber comprado y comido.
Fíjese que en lugar tan lejano uno no espera que le hablen de la calle Yerbal, sobre
todo después de haber transcurrido tantos años, cuando ya esa calle había perdido
sus características... y se acordaba de una serie de cosas que naturalmente me refrescaron
la memoria porque yo hacía muchos años que no visitaba aquel sitio... el Bajo. Uno
había accedido a otras posibilidades... ¿no sé si me entiende? ...
* * *-Como cosa realmente pintoresca, desde el punto de
vista folklórico del país, el bajo no debía haber desaparecido -me dice Fontaina
en su escritorio de radio Carve- piense en la profilaxis. Era una manera de evitar
la proliferación de la prostitución. El bajo era una cosa destinada a satisfacer
todas las necesidades del hombre, que las tenía y las sigue teniendo, pero en una
forma muy particular, es decir, en un reducto, se producía todo eso... el hombre
encontraba las satisfacciones con una cosa muy particular, porque todo el mujererío
-como dicen los paisanos- todo allí, era de lo más diverso, de lo más heterogéneo.
Había algunas con la camiseta de Peñarol solamente o con la camiseta de Nacional
y muy vigilado; porque prostibularia era toda la calle Yerbal, desde un poquito
antes de Ituzaingó, donde estaba el almacén de los Collazo, desde Ituzaingó hasta
detrás del Mercado Central, de manera que eran cuatro cuadras, incluso hasta Juan
Carlos Gómez, Bartolomé Mitre, por ahí, unas tres cuadras, pero puerta a puerta.
Y es una cosa que no es original nuestra, porque la zona de prostíbulos en San Pablo
o en Río de Janeiro también estaban así, en un lugar determinado; se llamaban Laranjeiras
o como fuera, pero era el banjo, "el lugar". El famoso urbanista Le Corbusier aseguraba
que sólo en Marsella había algo parecido, tan importante. Le Corbusier había visitado
el barrio con un grupo de estudiantes.
-Era una cosa muy particular, característica; se encontraba toda clase de tipos
-sigue Fontaina- y por supuesto, cada una de las mujeres tenía su manera especial
de llamar. Pasaba alguien y le decían: "Ché chiquito, ché, el de los lentes, vení
que no te apuro, vení como tú quieras ..."
Las puertas y ventanas tenían generalmente vidrios corrugados, y bueno, rascaban
el vidrio con alguna moneda o con alguna ficha para llamar la atención. Naturalmente
que no podían salir, la policía vigilaba muchísimo, todo era detrás de los vidrios.
Primero el zaguán, luego la entrada que era la puerta cancel y estaban detrás de
ésta. Los sábados de noche era una manifestación, una enorme cantidad de gente,
con cosas curiosas: los boliches con los payadores, o si no en la esquina de los
boliches el carrito que ahora es de frankfurter, que vendía pedazos de sandía, con
un farol de mantilla, o vendían maní o cosas de ese tipo, vendían.
En aquella época había distintas categorías y zonas. Estaban en la calle Recinto
las negras que se vendían por poco o nada. Y en las otras había distintas categorías,
había de $ 0,50, de $ 1 y de $ 1,50; las de $ 2 ya eran francesas muy importantes,
más refinadas y todo eso significaba una cosa muy curiosa, muy original, porque
cada cual tenía su manera de ser ¿comprende? Este, de pronto algunas eran feas,
abrían la puerta y el tipo hacía ¡Uhh! y le decían "No te fijés en caras, fijate..."
Eso significaría hablarle mucho tiempo sobre el particular, pero quiero decirle
que en la época en que estaba aquel hombre de Santa Lucía, que fue Ministro del
Interior, que lo suprimió, yo estaba trabajando en el diario "Imparcial" y tuve
ganas de hacer un artículo sosteniendo que se había cometido un error, porque eso
ya estaba en la ciudad ubicado, muy bien ubicado, o aunque fuera trasladarlo a algún
otro lugar... que fuera una cosa que evitara todo esto que ocurre ahora, todo eso
de las muchachas que salen con la carterita, todo eso que ha proliferado de tal
manera, la mujer que "trabaja" y que está esperando ganarse un mango. Y eso hubiera
quedado reducido a ese lugar, algo vigilado, porque había mucha preocupación sanitaria,
había; tenían que ir todas las semanas a una revisación, el médico era el abuelo
de Ferrer, el letrista y escritor.
En cuanto a nombres -dice Fontaina- había una "América", otra "Victoria" y había
otra "La Botafogo", quizás ya le haya dicho Soliño.
-Me habló de "La Botafogo"
-Pero con "La Botafogo", con toda esa gente pasaba una cosa muy original, ¿entiende?
conociendo a la gente que era habitué, que iba a pasear, aunque sea a pasear y no
a "Ocuparse" como decían, como se decía vulgarmente, la gente que era habitué se
hacía amiga, llegaban a conocerse, llegaban a invitarlos y algunas veces tenían
descanso y salían a tomar una copa con ellos. No las de baja categoría, sino las
de más significación.
Estaba "La Botafogo" y estaba Mme. Andrea, que madame Andrea era una mujer que tenía
un prostíbulo, que comandaba un prostíbulo; se hacía de amigos y llegó incluso una
vez a cerrar el prostíbulo porque una de las chicas cumplía años; cerró el prostíbulo
con tres o cuatro de nosotros adentro para festejar el cumpleaños; clausuró la actividad,
¿comprende? Y esa es una cosa muy curiosa, que prueba que estas mujeres, a pesar
de todo lo que pueda pensarse, que eran materialistas, que vivían nada más que para
ganarse el mango, en realidad tenían algo distinto; pero claro, debía haber una
relación , es decir, que se vieran frecuentemente y que esa persona, que esos muchachos
no hubieran cometido ningún desaguisado, ninguna cosa inconveniente, que pudie:
ra perjudicarlas, ¿entiende?
-Y Raúl Fontaina joven, ¿cómo era? ¿Dónde iba? ¿A qué hora?
-No mire, yo trabajo desde muy muchacho, desde muy joven, de manera que, cuando
podía tener un poco de expansión y de salidas era por la noche, y entonces íbamos
a tomar un café, y del café terminábamos en el bajo, ya sea en casa de madame Andrea
como en casa de cualquiera. Quiero decirle que hubo cosas muy importantes; hubo
una muchacha muy mona, muy mona, que llegó a casarse muy bien después de estar precisamente
en lo de madame Andrea, a casarse muy bien con una persona de importancia en nuestro
país, un profesional. Y hay otros casos similares.
Tengo que decirle -además- que yo vivía cerca, nosotros vivíamos en Ituzaingó, casi
Buenos Aires, de manera que estábamos a una cuadra y media propiamente del bajo,
del corazón del bajo, y a mí me llevó al bajo a los catorce años, Roberto Grimaldi.
Roberto era un italiano muy forzudo, que se había hecho muy, muy amigo del grupo
nuestro, comprende, era automovilista además y me llevó a un lugar, a una casa que
sería.. :de $ 0,50 sería...
-¿Así, que a los catorce años y con el príncipe Grimaldi?
-A los catorce, exactamente, pero además tenían una cosa muy "especial" y es que
así como yo digo que el que trabajó en un diario no se olvida jamás del olor del
antimonio, eso lo mantendrá toda la vida, el que ha ido al bajo no se olvidará más
del olor del kerosene que calentaba el agua para hacer la higiene -antes y después-
con un chorrito de permanganato. Y le digo más, durante el día en el bajo pasaba
muy poco. Casi ni mujeres. La cosa comenzaba a ponerse espesa a eso de las seis
de la tarde, y de noche ni qué hablar! Muy cerquita del edificio de AEBU estaba
la casa de "La Botafogo".
-Sí -me redondea don Raúl- en los fondos de AEBU, a 20 metros por Reconquista. Ahí
concurría toda nuestra barra, a veces hasta de tarde a tomar el té y le enseñaban
a patinar a las muchachas. Un día patinando en la azotea se cayó Alfredo Basso,
"Ojo de trapo", atravesó la claraboya y se dio tremendo golpe, mismo en la casa
donde "La Botafogo" era discípula. Era famosa "La Botafogo" y no era patrona. A
veces se necesitan otras cosas.
Ya en plena euforia evocativa, agrega don Raúl: Quiero decirle una cosita más. Antes,
el tranvía pasaba por la calle Juan C. Gómez, el tranvía de caballos pasaba por
la calle Juan Carlos Gómez, y cuando dejó• de pasar lo hizo el tranvía eléctrico,
viajaba todo Montevideo, pero cuando pasaban por Yerbal poco menos que bajaban las
cortinas, que eran cortinas de género, para que no miraran, ¿entiende? Las muchachas
jóvenes y todo Montevideo pasaba por ahí, porque el tranvía no tenía otra manera
de hacerlo y cuando pasaban por Juan Carlos Gómez y Yerbal, la mirada era cosa fija
hacia adelante, hacia la parte del conductor, duros, como clavados...
* * *
La casa de
La Botafogo:
la piqueta fatal
del progreso...;
-Cuando vine de España tenía 14 meses -me dice Víctor Soliño- de manera que naturalmente
no tenía ningún recuerdo de Galicia, casi ninguno, hasta cincuenta y dos años después
en que fui a visitar mi pueblo, y me encontré con un pueblito maravilloso, un ensueño
de pescadores, estupendo, precioso, precioso. Mi pueblo tiene un honor, digamos
un orgullo que seguramente pocos conocen; fue el primer pueblo del mundo que tuvo
noticia del descubrimiento de América. A Colón se le ocurrió mandar dos de las carabelas,
la Niña y la Pinta, a Palos, de vuelta, para dar la noticia del descubrimiento,
y al llegar a las Azores, las tomó un temporal tremendo y tuvieron que separarse
y así, desarboladas, una llegó a Palos pero bastante después y la Pinta llegó a
Bayona. Allí en Bayona hay un monumento que recuerda el episodio. Es el primer pueblo
del mundo que tuvo noticias del descubrimiento de América; ¿lindo, no?
-Yo venía a hablar con Ud. de cosas más próximas en el tiempo y bastante más...
chicas. ¿Qué puede decirme del bajo, allá por los años 20? Estoy tratando de ver
cómo era esta ciudad cuando Uds. empezaron a hacer radio.
-En realidad yo no viví directamente en el bajo, pero viví muy cerquita; yo viví
de muchacho, cuando tendría 8 o 10 años en la calle Ituzaingó, entre Reconquista
y Buenos Aires; ahora claro, usted calcule, que en esa época yo tenía 8 o 10 años,
y el bajo era un lugar prohibido naturalmente, una zona en la que no se podía pasar;
el limite de la zona era la calle Reconquista, y ahí en Reconquista e Ituzaingó
fue donde viví mucho tiempo y apenas podía cruzar era zona candente para ir al tambo
de Ares, que estaba en la esquina, donde se tomaba la leche recién ordeñada, con
plantillas... Pero después no, después en el Instituto Carnot (más tarde Liceo Francés),
yo hice amistad con los Collazo, como colegiales. Ellos sí, vivían en la calle Camacuá,
vivían en pleno bajo.
-¿El padre de los Collazo tenía un almacén?
-Sí, tenía el almacén de "Los Dos Frentes", en Yerbal, Camacuá e Ituzaingó. Yerbal
y Camacuá formaban una proa e Ituzaingó desembocaba frente al almacén de ellos.
Entonces claro, esta amistad del colegio hizo que yo tuviera que ir a la casa de
ellos, entonces empecé a franquear aquella zona prohibida. Naturalmente, en esa
época, usted calcule, que mi contacto con el bajo, a los 8 o 10 arios, era prácticamente
nulo, no existía. El bajo tenía tres aspectos, tres zonas, diríamos: la calle Yerbal,
esa es la clásica.
-Como un bulevar del bajo...
-El bulevar del bajo, exactamente;
la avenida de los burdeles, corzo decían
los poetas en aquella época, empezaba en la calle Ituzaingó y terminaba... (hace
memoria) toda esa zona, era un poco irregular; bueno, por ahí más hacia el sur,
sobre la costa estaba la calle Recinto, que ese era el prostibulario barato, el
de las negras, que a veces por un kilo de yerba, por lo que fuera, prestaban sus
servicios. Después estaba también la calle Brecha, la calle Brecha, que tenía prácticamente
solo una cuadra; era desde Buenos Aires hasta Reconquista y terminaba ahí en Reconquista,
que era donde vivía yo, en Reconquista y Ituzaingó; terminaba en un boliche que
había ahí, famoso, que se llamaba "La Gran Pella", un lugar de cafiolos, de malandrines,
de ladrones, una cosa patibularia tremenda. Frente estaba la casa de Julio Herrera
y Reissig, la Torre de los Panoramas, en la otra esquina, exactamente enfrente.
Y entonces, en el fondo de las calles que desembocaban en Yerbal, Juan Carlos Gómez,
Bartolomé Mitre, en aquella época, eran Cámaras y Cerro, y así hasta Ciudadela,
en las últimas casas, también casi todas eran prostíbulos, pero entonces eran prostíbulos
de francesas, donde la cuota era mayor. Un peso o dos pesos, según la categoría.
-¿Había muchas mujeres en cada casa?
-El reglamento obligaba que no hubiera más de cuatro mujeres en cada prostíbulo,
las cuatro mujeres y una regenta, que a veces también era prostituta, es decir,
también trabajaba; podían ser cinco, pero más de cuatro no podía haber en cada casa,
y trabajaban de una manera muy especial; las prostitutas trabajaban a pieza o a
lata, como decían ellas. A pieza era una fulana que alquilaba y no tenía ninguna
otra obligación, pagaba un tanto por ciento por el alquiler, ella hacía su negocio;
y a lata, eran las prostitutas que dependían de la regenta; cada fulano que venía
le daba los cincuenta centésimos del trabajo y entonces ella recibía una lata, y
después a fin de mes, o a mediados de mes , en una fecha que se establecía, se contaban
las latas; eso se traducía en monedas, cincuenta por ciento para la regenta y cincuenta
por ciento para la fulana que trabajaba ahí; eso era más o menos la actividad en
el bajo.
-¿Y qué recuerdos tiene ahora del muchacho Soliño?
-¡Quién no debutó en el bajo en aquella época! Yo recuerdo que se llamaba
Esmeralda;
Esmeralda se llamaba la mujer con la que tuve yo el primer contacto. Sí, es una
cosa que no olvidé nunca, creo que me trató muy bien... Ah, sí, se dio cuenta que
debutaba en aquel momento, con un miedo tremendo, ¿no? A todos nos pasa, la primera
vez... Me acuerdo siempre, yo estaba en la Cámara de Diputados, unos años después,
y había un muchacho que era medio taradito, era casi un hombre, pero nunca había
ido al bajo, y entonces los compañeros lo embromaban; le decían: "Ché tenés que
ir al bajo una noche, tenés que ir"; un día lo convencieron y fue con un miedo tremendo,
se lo recomendaron a una de las mujeres que tenía habilidad para tratar a todos
estos novicios y el tipo salió loco, encantado; todos los compañeros ahí esperándolo:
"Y ... ¿cómo te fue?", y dice: "Macanudo, formidable... Pero, decime una cosa, y
ahora ¿puedo comer de todo?"
-Recuerdo muchos otros nombres; famosa por ejemplo era "La Botafogo", era francesa,
los franceses le llamaban "la blondinette", pero entre la clientela criolla se la
conocía como "La Botafogo", ¡¡¡famosísima!!! El grupo de estudiantes, que estaba
en la calle Ituzaingó casi Buenos Aires, donde se escribió
"La cumparsita",
donde Mattos Rodríguez escribió "La Cumparsita", ese grupo de estudiantes era cliente
de "La Botafogo" y me acuerdo que cuando Mattos Rodríguez estaba escribiendo "La
Cumparsita", en ese ano, en 1917, le dieron el desalojo a la Federación de Estudiantes
porque no pagaba nunca; había cuotas atrasadas con el Sr. Etcheverrito, que era
el dueño y que vivía en los altos; no los podía aguantar más, con aquellas cantarolas
infernales y aquellos escándalos tremendos; un día le pusieron una "imaginaria",
un policía, para que no pudieran sacar los muebles, porque iban a llevarse todo,
y bueno, los muchachos convencieron al soldado, al guardia civil de imaginaria,
de estos buenos, bonachones, diciéndole que era lo mismo que la imaginaria la ejerciera
desde la acera de enfrente, en lugar de estar en la puerta misma y el fulano lo
más bien, no tuvo ningún inconveniente. Entonces por ahí pasaba el tranvía del Norte,
que iba en dirección a Reconquista; entonces, ¿qué hacían éstos?: esperaban que
llegara el tranvía y cuando paraba, ocultos por el tranvía, porque el guardia civil
estaba enfrente, marchaban con una mesa, con sillas, marchaban con las cosas y las
llevaban a
"La Gran Peña", que es el boliche que estaba en la esquina; pero
cuando llegó el momento que en La Gran Peña ya no cabían más, y cuando el dueño
del boliche no quiso que siguieran con ese problema, complicándolo a él, entonces
fueron al prostíbulo de "La Botafogo", y allí tenían todas las cosas. La Federación
de Estudiantes del Uruguay se había trasladado prácticamente hasta la casa de "La
Botafogo".
EL LORO HABLA
Ramón Collazo, "El Loro", nació en una esquina del bajo y es compositor y uno de
los más auténticos humoristas de su generación; alma mater de la troupe "Oxford
y que tanto tuvo que ver con los "Atenienses", el Loro acercó a la radio -por años-
su locura, su espíritu divertido y picaresco, sus "salidas" espectaculares y su
música. También escribió un librito memorable sobre "El Bajo". Historias del barrio
"bravo" y sus personajes. "La Coneja", "Le Blond", "La Negra María", "La Rafaela",
"La loca Aurora", "La vieja Berta" -apodos de mujeres o de homosexuales- y de Sandalio,
un personaje esperpéntico, exhibicionista por cinco reales (que se reunían a "escote")
de ciertas "modalidades" muy sofisticadas. El libro de Collazo, que es una fiel
pintura de la época de las mujeres y de los muchachos "ambientados", tiene como
contracara dos páginas patéticas, sin pretensiones literarias, pero que Jean
Genet hubiera leído con entusiasmo. El capítulo se titula:
"El carnaval en el
bajo" y tiene mucho que ver con el aura de este tiempo (1922) que estoy procurando
reconstruir.
"Ahora que tengo muchos años -escribe Collazo-me da tristeza recordar algunos aspectos
del carnaval del bajo. Creo sumamente difícil que las personas que no hayan vivido
por ese barrio puedan recordar ese día especial que se ofrecía a las prostitutas
una vez cada tantos carnavales. Pero sucedía.
Algún año que otro, y según la benevolencia del comisario, se permitía a las meretrices
-permiso por medio de la Jefatura- hacer prostitución y carnaval al mismo tiempo.
Esto ocurría solamente una tarde y apenas desde las cinco a las ocho de la noche
y con mucha formalidad.
Las cuatro mujeres de cada prostíbulo podían disfrazarse y sentarse en una silla
o quedarse paradas y recostadas a la pared de la casa donde trabajaban, pero de
ninguna manera podían circular ni ofrecer amor en voz alta, cosas ambas estrictamente
vigiladas por la policía bajo pena de prisión. Para poder abandonar esa posición
era necesario pedir permiso al vigilante y explicar el motivo de la salida que siempre
era el de comprar alguna bebida o hacer reposición de papelitos o serpentinas.
Algunas se hacían el disfraz, otras lo alquilaban. Y era doloroso ver con qué poca
elegancia terminaban luciendo aquellos trapos que a las cinco de la tarde estaban
limpios y vaporosos pero que al anochecer quedaban totalmente ajados porque la clientela
obligaba a sacárselos y a ponérselos varias veces en muy pocas horas. El trabajo
era intenso y rendidor (algunas duplicaban la tarifa porque para muchos hombres
era novedad ocuparse con una japonesa, una aldeana, o una dama antigua). Aunque
el entusiasmo por el carnaval no se debía a eso.
A estas pobres mujeres que vivían casi todo el año encarceladas, o poco menos, se
les permitía por una tarde, invitar a los hombres de una manera más elegante y poética.
Una serpentina, un puñado de papelitos o un lanza perfume constituían una invitación
más delicada que decir a grito pelado:
"Ché botija, entró que no te apuro...
cinco reales y como vos quieras".
Como el lector puede ver se organizaba un corso de peatones (sin aviso en la prensa)
durante el cual las damas no podían circular.
El hombre que en aquellos tiempos todavía era un poco ingenuo y se disfrazaba para
dar una vueltita por la calle Yerbal, aunque eso provocara un verdadero derrumbe
de toda la literatura y la poesía carnavalera, porque no se concibe que un pierrot
venga a un burdel a buscar a su colombina (¿o sí?).
La hora 8 marcaba el fin de esta forma de carnaval con meretricio. Y si las más
atrevidas pretendían quedarse un ratito más en la puerta, porque la tarde había
sido fructífera, llegaba un vigilante que subiendo a la vereda las empujaba como
quien mete vacas en un corral hasta que ellas, murmurando palabrotas y con la silla
al hombro, se metían para adentro.
Todo este espectáculo lo observaba yo desde la azotea de nuestro negocio y como
era un muchacho, no llegaba a comprender por qué ese carnaval con peatones y prostitutas
sentadas en sillas o recostadas a la pared no me resultaba ni festivo ni agradable
como los corsos de 18 de Julio. Ahora sí lo comprendo: las formas de la ilusión
resultan tristes en los lugares donde ya no hay sitio para la esperanza. En el bajo
soñar era una burla: allí el carnaval se hacía más cruel cuanto más inocentes fueran
los disfrazados y más ansiosas de delicadeza estuvieran las mas-caritas".
Hacia fines de la belle epoque uruguaya, que termina con la crisis del 31, el bajo
es físicamente demolido y se abre, sobre él, la Rambla Sur. A la manera de Antonio
Machado ("se canta lo que se pierde'), el Loro Collazo compone (asombrosamente)
un tango melancólico para su troupe carnavalera y Víctor Soliño escribe la siguiente
letra:
Viejo barrio que te vas
te doy mi último adiós
ya no te veré más.
Con tu negro murallón
desaparecerá
toda una tradición.
Mi viejo barrio Sur
triste y sentimental
la civilización
te clava su puñal.
En tu costa de ilusión
fue donde se acunó
el tango compadrón.
Ya se fue tu famosa muralla
cuyas sombras sirvieron mil veces
de testigo a los guapos de laya
que morían por un corazón.
Y en las noches de luna febriles
al compás del rumor de las olas
los muchachos con sus tamboriles
ya no entonan su alegre canción.
El boliche ha cerrado sus puertas
ya no hay risas, ni luz, ni alegría
y en la calle ruinosa y desierta
sopla un viento de desolación.
La piqueta fatal del progreso
arrancó mil recuerdos queridos
y parece que el mar en un rezo
demostrará también su emoción...
COLOFON
Cuando los orígenes de la radio en Uruguay, Europa todavía contabilizaba con
horror los millones de muertos de la primera Guerra Mundial.
Mussolini llegaba al poder en Italia y comenzaba a moverse la maquinaria de Hitler
en Alemania. Noticias de hambrunas, crímenes, epidemias y atropellos en Oriente
y Occidente.
El Uruguay vivía su ángulo divertido, "su belle epoque" con una muchachada alegre
y despreocupada. ¡Eran los años locos!
Pero por contrapartida, contabilizaba adelantos pese a la pequeñez de su territorio.
En leyes sociales, en la enseñanza, en el deporte, en el desarrollo audaz. Incluso
en la polémica apasionada de sus políticos.
En ese momento se estaba construyendo el Puente Metálico más largo de Sud América,
sobre el río Santa Lucía.
Una estructura de hierro giratoria apoyada en otra de cemento que será un alarde
de la técnica y de la ingeniería.
Es una obra fundamental para el desarrollo del país ya que abrirá el país a una
carretera de hormigón que unirá Montevideo con Colonia y por ende con la hermana
República Argentina.
La armazón gigantesca se levanta sobre las aguas serenas del río -escribía un
diario de entonces-como heraldo orgulloso del progreso.
Cuando surgía la radiofonía en nuestro país, era un tiempo de alegría y creativa
locura, pero también de realizaciones fundamentales.
Una publicación refiriéndose al Uruguay hablaba de prosperidad y armonía. Lindo
tiempo para los que saben tomar lo mejor del pasado y proyectarlo hacia el porvenir.